La
semana pasada fue muy especial para toda nuestra Comunidad parroquial, rendimos
culto y devoción al Sagrado Corazón de Jesús en su Triduo y posteriormente, el
sábado, en la procesión por las calles de nuestra feligresía.
La devoción al Sagrado Corazón,
es algo muy nuestro. Está presente en la esencia más profunda de nuestra
parroquia y para todos nosotros, estas fechas se convierten en un
acontecimiento esperado y querido. De ello dio buena fe la presencia de los
fieles en la iglesia a pesar del intensísimo calor que padecimos durante los
días de triduo y sobre todo en la calle durante las dos horas de procesión. Ni
las temperaturas sobrepasando los cuarenta grados a las ocho de la tarde, ni el
viento de levante que se convirtió en columna de fuego, pudieron con el Amor al
Sagrado Corazón de Jesús.
Cada año me maravillo al ver
las caras de mis hermanos que con mirada suplicante contemplan ese costado que
se abre y nos ofrece Su Corazón. Amor incondicional de Dios por nosotros, su
pueblo. Amor que traspasa fronteras y épocas. Amor que se derrama sin descanso
saliéndonos al encuentro en cada instante de nuestra vida… ¿Y nosotros?....
ojalá pudiésemos corresponder con una mínima parte a ese Amor del Corazón de
Jesús. Sí, es verdad, son muchas las faltas que tenemos, no merecemos que Jesús
entre en nuestra casa es cierto, pero…. gracias a Dios eso no depende de
nosotros sino de su Amor incondicional y ese milagro es el que siempre
experimento muy de cerca en estos días.
El
colofón lo puso la tradicional convivencia a beneficio de nuestra Cáritas
Parroquial, en ella nos unimos congregados por el Corazón de Jesús y en ella es
donde siempre experimento muy de cerca el “mirad cómo se aman”. Disfruto cada
instante de relación con quien me voy encontrando de camino entre la mesa de
las bebidas y el mostrador de los montaditos, el compartir con los hermanos que
están al lado cuando cansada ya de estar de pie me siento en una silla donde
primero me pilla. El compartir vida y experiencias con hermanos y hermanas que
no veo a menudo pero que sé, que en este gran día, van a estar a mi lado. Y
cómo no, disfrutar de lo que fue la diversión de la noche: encontrar el queso
de la rifa que desde que me tocó, hasta que terminó la fiesta, desapareció cuatro
veces.
Le pido a nuestro Dios que nos ayude a “EN TODO AMAR Y SERVIR”.
Sagrado Corazón de Jesús, ¡en Vos Confío!.
Mamen Casas
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